Las claves, los artífices y los efectos del Boca Campeón de la Superliga

Podemos destacar muchos factores que entraron en juego desde el inicio de la segunda rueda de la Superliga Argentina de fútbol, o quizás también podemos desplazarnos hacia diciembre del pasado año, cuando en las afueras del estadio Alberto J. Armando una nueva dirigencia obtenía el voto del pueblo Xeneize para controlar el rumbo de la institución por los próximos 4 años. Los factores fueron muchos, futbolísticos, dirigenciales, psicológicos y, merecen la pena destacarse.


Luego de ganar las elecciones presidenciales de Boca en 2019, la dirigencia encabezada por el presidente Jorge Amor Ameal, el vice Mario Pergolini y el vice segundo Juan Román Riquelme, comenzaron a trabajar de cara al 2020 para cambiarle la cara a un club que venía de sufrir más de lo que festejaba. Riquelme, encargado del fútbol junto con otros grandes nombres como Jorge Bermúdez, Raúl Cascini y Marcelo Delgado, designó como técnico de la primera división del fútbol masculino a un viejo conocido: Miguel Ángel Russo, campeón de América con Boca en 2007. Si bien era una figura de renombre y con experiencia en la institución, las dudas por los últimos resultados conseguidos, su cuerpo técnico, como así también por la famosa discusión de la “edad” y la adaptación al supuesto “fútbol moderno” no tardaron en llegar a los canales de televisión y en las redes sociales.

Solo dos caras nuevas llegaron a Casa amarilla en el mercado de pases: el central internacional con la selección de Perú Carlos Zambrano, y el mediocampista Guillermo “Pol” Fernández, surgido de la cantera del club y con paso previo por Cruz Azul de México. Lógicamente, las críticas y las dudas se duplicaron. Se habló de que no alcanzaba y que había que cubrir otros puestos como el de centro delantero (recordemos la frustrada negociación con Paolo Guerrero). Al fin y al cabo, la pretemporada finalizó, Boca disputó algunos amistosos en San Juan contra Atlético Paranaense y Universitario de Perú, y de esta manera el inicio de la Superliga se acercaba.

En el reinicio del campeonato, Boca enfrentó a Independiente en la Bombonera, en un duelo muy trabado donde el equipo de Russo se quedó con 10 en los primeros minutos por una insólita doble amarilla de Carlos Izquierdoz. Ese partido dejó algunas dudas, que rápidamente comenzarían a disiparse con el correr de las fechas.

Sin pensarlo dos veces, el punto de quiebre se dio en la fecha 18 en el estadio Mario Alberto Kempes de la ciudad de Córdoba. El rival fue Talleres de Córdoba, al que logró vencer con goles de Sebastián Villa y Carlos Tévez, quienes esa misma noche comenzarían a reinventarse. A partir de las fechas siguientes, el Apache y el colombiano serian claves en el ataque, combinados con el sacrificio de Franco Soldano, la gambeta y apariciones de Eduardo “Toto” Salvio, y el oportunismo de Wanchope Ábila.

Las fechas fueron pasando. El puntero del campeonato era River Plate, equipo que no caía y seguía sumando de a 3 con el correr de las jornadas. Boca tampoco daba tregua y continúo por la senda ganadora. Luego de ganarle a Talleres, venció a Atlético Tucumán, a Central Córdoba en Santiago del Estero con una goleada por 4 tantos (en un partido donde salió a la cancha 6 puntos abajo del líder y que muchos titulaban como “complicado”), a Godoy Cruz y Colón de Santa Fe, donde tuvo un mal primer tiempo pero una frenética segunda etapa.

El equipo se fue asentando fecha a fecha, partido a partido. El mediocampo tuvo amo y señor: Jorman Campuzano, suplente desde su llegada a La Boca, había encontrado su mejor nivel. A su lado jugó "Pol" Fernández, quien fue de menor a mayor, con una tarea casi invisible pero que ayudó al equipo y que se terminó de demostrar en la primera fecha de la copa de la Superliga, donde jugó un partido brillante frente a Godoy Cruz en Mendoza.

Por otra parte, la defensa continuó el camino marcado desde la época de Gustavo Alfaro, demostrando solidez y jerarquía en cada uno de los encuentros. Frank Fabra volvió a llevar su alegría al campo de juego, convirtiéndose en pieza clave en cada arremetida frente al área rival. Julio Buffarini volvió a ser aquel tractor que veíamos en aquel San Lorenzo, en el cual fue figura. En la zaga central, Lisandro López (hasta su lesión en Santiago del estero) mantuvo el nivel del año 2019 y confirmó el entendimiento con Izquierdoz. Junior Alonso demostró su nivel de selección, con su marca férrea y primer pase limpio, aportándole siempre una salida clara al equipo.

En el arco la revelación fue Marcos Díaz (reemplazó al lesionado Esteban Andrada), quien cerró dos participaciones excelentes frente a independiente y Talleres, donde fue clave no solo con sus salvadas, sino  también con su viveza para sacar rápido y largar el contragolpe. Luego, en su retorno, el sabandija continuó con el nivel fantástico que mantiene desde su llegada al club.


Todo se coronó aquel 8 de marzo, cuando Boca enfrentó a Gimnasia y Esgrima de La Plata en la Bombonera. El puntero River, que venia de empatar un partido que en la previa era “ganable” contra el Defensa y Justicia de Hernán Crespo de local, viajaba a Tucumán para enfrentar a Atlético, lo cual le complicaba un poco las cosas en la previa. El Xeneize tenía que ganar o ganar  y esperar que el Millonario no sacara los 3 puntos en condición de visitante.

Casi como en una película, como si estuviera escrito en algún libro de fantasía, Carlos Tévez sacó un remate que venció la guardia del arquero Jorge Broun a falta de 15 minutos para el final. El resto fue puro sufrimiento. Finalmente, River empató en Tucumán y Boca venció  a Gimnasia. El titulo se quedaría en casa. Si, ese título que muchos daban como perdido, como asegurado en las vitrinas del Monumental, se quedaría en el barrio de La Boca.

El campeonato tuvo muchos significados, artífices y sentimientos. Sin duda que podemos recurrir a la épica del renacer del club de la mano de Juan Román Riquelme, cuya imagen tomando mate en el medio del festejo desaforado se convertirá en icónica. Una imagen que se traduce en “viste, acá estoy yo. Tomo mate porque esto es lo normal, que los de este lado festejemos y los del otro no”. Más allá de todo esto, es una realidad que acertó en traer dos refuerzos (como Zambrano que terminó jugando por lesionados y expulsados, o "Pol" Fernández que fue decisivo) y en la figura de un DT como Russo que revivió a un plantel con mucha jerarquía, pero que estaba apagado. Carlos Tévez también volvió a vivir en el corazón del hincha. El Apache, a base de sacrificio, juego y goles, volvió a ser aquel “jugador del pueblo” con hambre de ganar y de ser ídolo.


En definitiva, lo que parece dejar este título es más que nada una enseñanza: El fútbol y los resultados le dieron la espalda a un club acostumbrado a ganar. Quizás, ese baño de humildad fue necesario.
Boca logró un título que quedará para siempre en el corazón del hincha, quizás no por lo que este representa en sí, sino por la forma, por el juego y por el rival al que se lo quitó. Porque haciéndole honor a una estrofa de su himno fue al frente y no se achicó más: “Boca nunca teme luchar”. Con esta frase como bandera, se logró un nuevo título. Las imágenes de los festejos luego del pitazo final se repetirán años y años, y esa alegría va a transmitirse y a revivirse nuevamente en el cuerpo de cada boquense. Porque somos La Mitad más uno, porque somos el pueblo, y porque la historia demanda que esto tiene que ser así: nosotros festejando, y aquellos sufriendo. Porque con un simple título, en Brandsen 805 se volvió a respirar ese aire de viejos triunfos épicos. Pero por sobre todas las cosas, se volvió recordar quien es Boca y por qué es el más grande.

Redacción: Josué Sánchez.